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Ifigenia Martínez ha partido, dejando tras de sí un legado que es imposible resumir en palabras. A los 94 años, la economista, política y luchadora social falleció, pero sus contribuciones al desarrollo de México y a la consolidación de la democracia seguirán marcando generaciones.
Primera mujer mexicana en obtener un posgrado en Harvard, su nombre representa mucho más que un título académico; es un símbolo de valentía y determinación en un país que, en aquel entonces, todavía luchaba por abrirle espacio a las mujeres en la academia y la política.
Ifigenia fue directora de la Facultad de Economía de la UNAM en tiempos convulsos, y su oposición a la represión de los estudiantes en el movimiento del 68 la distingue como una voz de congruencia y de firmeza moral. En un México marcado por la censura y el autoritarismo, ella alzó su voz, rechazando la injusticia y defendiendo los ideales de libertad que siempre la guiaron.
Como formadora de la Corriente Democrática junto a Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia se convirtió en uno de los pilares del movimiento que rompería con el partido hegemónico y daría inicio a una verdadera pluralidad política en México. Fue cofundadora del Partido de la Revolución Democrática (PRD), como dirigente y su secretaria general, ayudó a construir la esperanza de un país diferente, uno donde el poder estuviera al servicio del pueblo y no de unos pocos.
Su vida política se extendió a lo largo de décadas, y su influencia fue siempre notable. Dos veces senadora de la República, defendió incansablemente las causas populares y se mantuvo como una figura relevante en la izquierda mexicana. Murió siendo diputada federal por Morena y presidenta de la mesa directiva, manteniendo su compromiso hasta el final. En cada cargo, dejó claro que la política, para ella, no era una cuestión de ambición personal, sino de servicio al pueblo, de entrega y de lucha por la justicia social.
Ifigenia Martínez fue, sin duda, una mujer transformadora. Una maestra no solo en economía, sino también en la lucha por la democracia y los derechos de los mexicanos. Su legado es uno de coraje, congruencia, diálogo y sabiduría, valores que escasean en tiempos donde la política muchas veces parece perder su rumbo. Para los que la conocimos y para los que fueron testigos de su trabajo, ella será siempre un ejemplo a seguir, un patrimonio invaluable de nuestro movimiento.
Hoy la despedimos, pero su lucha sigue. Descanse en paz la gran y única Ifigenia Martínez, quien, con su vida, nos enseñó que la política es una herramienta para transformar, para el dialgo y que la verdadera lucha por la democracia nunca termina. Eso pienso yo, ¿usted qué opina?