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La Misa es una actividad esencial

La Misa es una actividad esencial

Columnas lunes 27 de abril de 2020 - 00:20

Cuando Jesús fue tentado, rechazó convertir las piedras en panes para saciar su hambre después de un prolongado ayuno, y respondió tajante al demonio: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios”, así mismo afirmó: “el que me coma vivirá por mí”, y en otra parte: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, yo lo resucitaré el último día”. Para los creyentes, participar de la eucaristía y recibir en ella el cuerpo y la sangre del Señor no es cosa secundaria, no puede quedar supeditada al cuidado de la sola salud corporal, porque sobre ella está la salud del alma y la vida eterna. Esto, hasta ahora, siempre lo tuvo muy claro la Iglesia que está para la salvación de las almas y no para el cuidado de la salud y el cuerpo; lo cual, no supone la irresponsabilidad en el propio cuidado y en el de los demás, pero nunca supeditando al bien temporal los bienes eternos.
Hace unos días, un grupo de laicos escribió una valiente y respetuosa carta a los señores obispos pidiendo que reconsideren las drásticas medidas que privan al pueblo de Dios del bien fundamental de la misa y el sacramento de la confesión. A continuación, presento sus argumentos que son sensatos, válidos y merecen ser tomados en cuenta.
El gobierno de nuestro país dispuso que ciertas “actividades esenciales” funcionen para la población, es así que hoy vemos abiertas: tiendas de alimentos, farmacias, gasolineras, transporte público, algunas industrias, bancos e instituciones financieras, etc. Los responsables de dichos ámbitos, conscientes del reto que implica mantener sus servicios en operación, han implementado todo tipo de medidas creativas para disminuir el riesgo de contagio.
¿Por qué la Iglesia Católica no hace lo mismo? ¿Acaso no se consideran los Sacramentos “actividades esenciales” para los fieles? La gente inevitablemente tendrá que seguir saliendo por comida, medicina, gasolina, e inclusive al banco. ¿Por qué entonces se niega el alimento espiritual que constituyen los Sacramentos?
Y es que además de la consideración por la salud espiritual y eterna de las almas, que es sin duda lo más importante y la ley suprema de la Iglesia, también creemos que el mensaje que se está enviando actualmente a la comunidad puede ser contraproducente, podría parecer que: La Eucaristía y los Sacramentos son algo accesorio y no esencial. Que da lo mismo ver la Santa Misa en televisión que asistir a ella. Que la confesión sacramental no es tan necesaria pues Dios nos puede perdonar en lo privado. Que la comunión sacramental y la espiritual tienen el mismo provecho, y por lo tanto hacer parecer a la Eucaristía como un mero símbolo espiritual y no como a Jesús en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Ojalá nuestros obispos sean sensibles a la salud espiritual, al hombre y sed de Dios de nuestro pueblo cristiano que sin la eucaristía no puede vivir.

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/CR

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