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La conmovedora historia de un sonajero que sobrevivió a la Guerra Civil
La conmovedora historia de un sonajero que sobrevivió a la Guerra Civil

Entornos miércoles 08 de mayo de 2019 - 09:58


En agosto de 2011, un equipo de arqueólogos se topó con un sonajero dentro de una fosa de la Guerra Civil española, junto a un cadáver rociado con cal viva y enterrado sin ataúd, generando la duda a los expertos sobre si el juguete podría datar del año de 1936.


Arqueólogos y antropólogos, trabajaban en la búsqueda de 250 víctimas de la represión franquista enterradas bajo los columpios infantiles del parque de La Carcavilla, en la ciudad de Palencia, donde antaño estaba el cementerio municipal.

El sonajero, hallado con sorpresa por los expertos, fue llevado al etnógrafo Fermín Leizaola, quien cortó un pedazo del plástico y lo acercó a una llama, en la que prendió rápidamente dejando un “característico olor a alcanfor”. Eso probaba que era de celuloide, un plástico desarrollado en 1870 muy usado en objetos cotidianos hasta los años setenta del siglo XX.

Este objeto y la historia que hay detrás de él ha servido para que toda una familia recupere la memoria de unos hechos que habían estado enterrados hasta ahora.

Los registros del cementerio viejo de Palencia indicaban que el cadáver era de Catalina Muñoz Arranz, de 37 años y originaria de Cevico de la Torre. Tenía cuatro hijos cuando la mataron. El más pequeño, de 9 meses, era probablemente el dueño del sonajero.

Aquel bebé es hoy un hombre de 83 años que vive en una casa humilde de la calle principal de Cevico de la Torre, con unos 400 habitantes.

“Fui pastorcillo y luego trabajé en el campo. Nunca fui a la escuela”, explicó. “De mi madre no recuerdo nada. No sé ni qué cara tenía, porque no tenemos ninguna foto suya, esa es la pena”, confesó, argumentando que nunca pudo indagar sobre su madre y en la familia casi no se habló de lo sucedido.

Según el sumario de su juicio, el 5 de septiembre de 1936, Catalina, una mujer de 1.51 m, morena, de pelo y ojos negros, testificó y firmó una declaración en la que admitía haber ido a manifestaciones, pero negaba el resto de acusaciones contra ella.

A pesar de la falta de pruebas, el tribunal la condenó por rebelión militar con la pena máxima. Murió el 22 de septiembre a las "cinco y treinta horas del día [...] por heridas producidas por arma de fuego de pequeño proyectil en cráneo y pecho”, según el detallado sumario.

Con información de Agencias.

Imagen: Especial.

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FT/CR

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