El intercambio comercial agroalimentario entre México y Estados Unidos es de importancia trascendental para ambas naciones por varios motivos, aunque el principal es que sus sistemas agrícolas son complementarios.
De ahí que este comercio represente una importante fuente de ingresos para productores, empacadores, y distribuidores mexicanos, pero donde sus pares estadounidenses también obtienen beneficios, además de los consumidores, en especial de la Unión Americana, que cuenta con un abasto oportuno de productos sanos, inocuos y de calidad.
Sin embargo, las diferentes cadenas, desde la producción, empaque y transportación, hasta llegar al distribuidor o cliente final en el vecino país del norte, necesitan mejorar considerablemente.
Si bien encontramos a organizaciones o asociaciones de productores bien organizados, la mayor parte -sobre todo pequeños y medianos productores o comercializadores-tienen que buscar un medio de traslado que, en muchos de los casos, no les dan el servicio esperado, no cuentan con las condiciones requeridas para garantizar calidad o incluso les estafan (de estos hay muchos casos documentados).
Lo anterior llega a impactar o mermar directamente en los ingresos o utilidades esperados, e incluso impactan en el precio que se maneja en el mercado estadounidense.
Ante lo anterior, hace falta todo un esquema que proporcione acompañamiento directo y preciso a los productos, desde el campo, empacadora y traslados, hasta llegar al distribuidor o cliente final, en un esquema completo y no solo en cuestiones sanitarias, como ocurre actualmente.
Es importante no dejar solo al productor ante los abusos que se dan en diferentes etapas de la cadena. Esto permitirá dar más certeza al productor, mayor movilidad a sus productos, mejorar sus ingresos y, además tener una mejor presencia en el mercado estadounidense, que es nuestro principal socio comercial.
El desarrollo de la actividad agroalimentaria directamente en los estados fronterizos también es un esquema importante y estratégico, ya que se pueden detonar diferentes polos o clusters de producción y transformación de productos primarios, para que lleguen procesados al mercado estadounidense.
Lo anterior, considerando las cuestiones climáticas y los apoyos financieros, como bien lo comentó en días anteriores en una columna para El Economista, el Doctor Víctor Villalobos Arámbula, exsecretario de Agricultura y Desarrollo Rural.
En resumen, se trata de estrategia que dará un impulso importante a nuestro sector agroexportador, tan mermado actualmente por la coyuntura global.
Glifosato para rato
Ayer estuvo en la Mañanera el secretario de Agricultura, Julio Berdegué, donde anunció la prohibición de 35 plaguicidas, desde su producción o importación hasta su aplicación en el campo mexicano, ya que se trata de sustancias altamente peligrosas para la salud y la biodiversidad, los recursos naturales y la calidad de los ecosistemas.
Lo importante vino casi al cierre de la conferencia, cuando un reportero preguntó qué ha pasado con el glifosato, un tema polémico en el sexenio anterior y en el cual falló tajantemente el hoy extinto Conacyt, al mando de María Elena Álvarez-Buylla.
Tanto la presidenta como el secretario admitieron que, al momento, no hay sustituto para este herbicida. Sheinbaum Pardo dijo que hay un problema con la sustitución y Berdegué comentó que un grupo de científicos sigue trabajando para ir generando alternativas agroecológicas.
Bien por ambos, al no tratar de forzar el tema, dejar a un lado la ideología y aceptar que, mientras no haya un sustituto ecológico que sea viable comercialmente para los productores, deberá seguir usándose el herbicida.
LUIS P. CUANALO ARAUJO
Instagram: Luis Cuanalo
Especialistas-Empresario del sector agropecuario
Presidente del Colegio de Ingenieros Agroindustriales de México, A.C