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Fe en la solidaridad

Fe en la solidaridad

Columnas viernes 07 de mayo de 2021 - 01:00

Por José García Sánchez

La confluencia de ciudadanos ocurre en tres espacios fundamentales para la organización social, el trabajo, la escuela y la iglesia. Si los dos primeros se realizan ahora a domicilio y tienen más de un año en esa dispersión individualista que se interpone a la hipertrofia del colectivo, como le llama Tzvetan Todorov.

La Iglesia es la que mantiene mayor presión sobre los habitantes de países como México para convocar a reunirse de nuevo alrededor del público y dentro de los templos, son tiempos importantes para la política que practica la Iglesia y no sólo la católica sino, sobre todo, la evangelista.

La presión de los evangelistas por crear partidos, lanzar candidatos, promocionar grupos, influir en los legisladores a través de tweets y correos electrónicos, etc. Son tiempos electorales donde los evangelistas tienen una grave confusión de la que debe estar muy atento el INE, porque ellos consideran que deben ganar espacios políticos para practicar su fe y no para representar las necesidades e inquietudes de la población.

Los evangelistas son los más activos religiosos en las elecciones desde 2018, intentan hacer a un lado las leyes electorales y olvidar aquellas leyes de Reforma que le dieron forma al actual estado mexicano para imponer criterios religiosos en todas y cada una de las actividades de los mexicanos.

Una de las características más arraigadas en las religiones del país son eminentemente conservadoras, tanto que para ellos las Leyes de Reforma es sólo una referencia intrascendente en los libros de historia.

Los evangelistas se constituyen en organizaciones pequeñas para después con un disfraz de asociación civil saltar a solicitar su permiso como agrupación política e ir allanando el camino hacia la constitución de un partido político, con objetivos religiosos y no sociales.

La monarquía asegura que Dios legitimaba a los reyes para gobernar, en las democracias legitima el voto de gente que practica diferentes religiones y a veces ninguna. La llegada de los evangelistas a la política rememora la monarquía pero también a la dictadura de una sola persona, porque este aislamiento, la ausencia humana en las oficinas y las aulas fortaleció el individualismo, deterioró la solidaridad que despertó entre los habitantes de la cercanía del lugar del accidente del metro en Tláhuac, pero no sin mostrar desgastes significativos.

La solidaridad humana que caracteriza a los mexicanos se contrapone, a veces de manera impuesta, al individualismo que invernó durante más de un año en el aislamiento y a veces en un capullo de egoísmo.

La solidaridad es el poder de la ayuda espontánea de la gente con su semejante, la democracia es la participación de la gente en la política para gobernar, y no sólo tener voto sino voz y hacerla escuchar hasta ser escuchada y tomada en cuenta en decisiones de gobierno.

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